• BALZAC. EUGENIA GRANDET

    TEXTO I: PRIMERA PARTE

    Grandet no iba a comer nunca a casa de nadie ni invitaba a nadie a comer en la suya. No hacía nunca ruido, parecía economizarlo todo, hasta el movimiento, y no molestaba nunca a los demás, llevado de su constante respeto a la propiedad. Sin embargo, a pesar de la dulzura de su voz y de su actitud circunspecta, el lenguaje y costumbres del tonelero se notaban sobre todo en su casa, donde se comprimía menos que en ninguna otra parte. En lo físico, Grandet era hombre de cinco pies, rechoncho, cuadrado, con unas pantorrillas de doce pulgadas de circunferencia, grandes rótulas y anchas espaldas; su cara era redonda, curtida y marcada por la viruela; su barba era recta, sus labios no ofrecían ninguna sinuosidad y sus dientes eran blancos; sus ojos tenían la expresión tranquila y devoradora que el pueblo atribuye al basilisco; su frente, llena de arrugas transversales, no carecía de significativas protuberancias; y sus cabellos, rubios y blancos, eran de color plata y oro, al decir de algunas gentes que no conocían la gravedad que podía tener el hecho de gastar una broma al señor Grandet. Su nariz, gorda por la punta, sostenía un lobanillo veteado que, según decía el vulgo, y no sin razón, estaba lleno de malicia. Esta cara anunciaba esa astucia peligrosa, esa fría probidad y ese egoísmo del hombre acostumbrado a concentrar sus sentimientos en el único ser que le fue siempre querido, en su hija Eugenia, en su única heredera. Por otra parte, la actitud, los modales, el paso, todo en él confirmaba esa creencia en sí que da la costumbre de ver que se sale siempre airoso en sus empresas; así, pues, aunque el señor Grandet era, en apariencia, hombre de costumbres sencillas y afeminadas, tenía un carácter de hierro.

    TEXTO 2: PARTE FINAL

    «Mi querida prima: Creo que tendrá usted una satisfacción en saber el éxito de mi viaje. Usted me ha dado suerte, he vuelto rico y he seguido los consejos de mi tío, cuya muerte, así como la de mi tía, acaba de comunicarme el señor de Grassins. La muerte de nuestros padres es natural, y nosotros debemos sucederles. Supongo que hoy ya estará usted consolada. Nada resiste a la acción del tiempo, yo lo experimento. Sí, querida prima, desgraciadamente, el momento de las ilusiones ha pasado ya para mí. ¡Qué quiere usted! Recorriendo multitud de países, he reflexionado acerca de la vida, y me fui niño, y vuelvo hombre. Hoy pienso en muchas cosas que no me preocupaban antaño. Usted es libre, prima mía, y yo soy libre aún, y al parecer, nada se opone a la realización de nuestros proyectos: pero yo soy demasiado leal para ocultarle a usted la situación de mis asuntos. No he olvidado que no me pertenezco, y, durante mis largas travesías, me he acordado muchas veces del banquito de madera…»

    Eugenia se levantó como si estuviese sobre ascuas y fue a sentarse en uno de los peldaños de la escalera del patio.

    «… del banquito de madera en que nos juramos amarnos siempre, del pasillo, de la sala, de mi cuarto y de la noche en que facilitó usted mi suerte mediante un generoso préstamo. Sí, estos recuerdos me han animado, y me he dicho muchas veces que usted pensaba siempre en mí, como yo pensaba en usted a la hora convenida entre nosotros. ¿Ha mirado usted bien las nubes las nueve? Sí, ¿verdad? Pues bien, no quiero ser traidor a una amistad sagrada para mi; no, no quiero engañarla a usted. En este momento se trata para mí de una alianza que satisface completamente las ideas que he formado acerca del matrimonio. El amor en el matrimonio es una quimera. Hoy mi experiencia me dice que al casarse hay que obedecer a todas las leyes sociales y reunir todas las conveniencias que para ello exige el mundo. Ahora bien, entre nosotros existe ya una diferencia de edad que, sin duda, influiría más en su porvenir, prima querida, que en el mío. No le hablaré a usted de sus costumbres ni de su educación, que no están en armonía con la vida de París, y que sin duda no se amoldarían a mis proyectos ulteriores. Pienso tener una gran casa, recibir a mucha gente, y creo acordarme de que usted prefiere una vida apacible y sosegada. Pero, no, le seré a usted más franco, y sea usted juez de mi situación, que tiene usted derecho a conocer y a juzgar. Hoy poseo ochenta mil francos de renta. Esta fortuna me permite unirme a la familia de Aubrión, cuya heredera, joven de diez y nueve años, me aporta al matrimonio su nombre, un título, el cargo de gentilhombre honorario de la cámara de Su Majestad y una de las más brillantes posiciones. He de confesarle a usted, querida prima, que no amo absolutamente nada a la señorita de Aubrión; pero, casándome con ella, aseguro a mis hijos una posición social cuyas ventajas serán incalculables algún día, toda vez que van ganando terreno de día en día las ideas monárquicas. De modo que dentro de algunos años, mi hijo, que será marqués de Aubrión y que contará con un mayorazgo de cuarenta mil francos de renta, podrá escoger el cargo del Estado que más le agrade. Los hombres nos debemos a los hijos. Ya ve usted, prima mía, con qué buena fe le expongo el estado de mi corazón, de mis esperanzas y de mi fortuna. Es muy posible que, después de siete años de ausencia, haya usted olvidado por su parte nuestras niñerías; pero yo no he olvidado ni su indulgencia ni mis palabras, y me acuerdo de todas, hasta de las que he dado con más ligereza y en las cuales no pensaría siquiera un hombre menos concienzudo que yo y de corazón menos leal. Decirle a usted que sólo pienso hacer un matrimonio de conveniencia y que me acuerdo aún de nuestros amores de niños, ¿no equivale a ponerme a su disposición, a hacerla dueña de mi suerte y a decirle que si tengo que renunciar a mis ambiciones sociales, me contentaré gustoso con esa dicha pura y sencilla cuyas conmovedoras imágenes me ha hecho usted ver tantas veces?…»

    TEXTO 1:

    • ¿Cómo es el señor Grandet?, ¿qué rasgos de su personalidad se destacan?
    • ¿Qué tipo de descripción realiza el autor para presentar a este personaje?
    • ¿Qué tipo de narrador utiliza Balzac?

    El TEXTO 2 se trata de una carta que el primo de Eugenia Grandet, Charles, le envía a Eugenia ya hacia el final de la obra:

    • ¿Qué información nos aporta acerca de esos siete años transcurridos desde que se fue el primo de Eugenia?
    • ¿Cómo justifica sus decisión de casarse con la señorita Aubrión?, ¿qué te parecen sus argumentos?
    • Al igual que en el primer texto, se refleja en esta carta la avaricia, la importancia del dinero, ¿en qué líneas se constata esto?
    • ¿Crees que el autor realiza algún tipo de crítica?, ¿cuál?
    • ¿Qué reflejan estas líneas de la personalidad de Charles?
    • ¿Qué rasgos propios de la novela realista podemos identificar en estos dos fragmentos?
    • Argumento de la obra:
      La acción tiene lugar en un ambiente provinciano. Eugenia se compromete con su primo Carlos, pero el viejo Grandet, padre de la joven, se entera de que el pretendiente está arruinado y lo envía a las Indias, a donde parte con los ahorros que le entrega la muchacha. Al enterarse el anciano, castiga severamente a su hija. Cuando muere su padre, Eugenia hereda una enorme fortuna con la que espera rehacer su vida al lado de Carlos, pero este le devuelve el préstamo, a l vez que anuncia su boda con una joven rica. Resignada, Eugenia envejece entregada a las obras de caridad.
    • Información sobre el autor:
    • Escritor francés de novelas clásicas que figura entre las grandes figuras de la literatura universal.
      Concibió la idea de fundir todas sus novelas en una obra única, La comedia humana. Su intención era ofrecer un gran fresco de la sociedad francesa en todos sus aspectos, desde la Revolución hasta su época. En una famosa introducción escrita en 1842 explicaba la filosofía de la obra, en la cual se reflejaban algunos de los puntos de vista de los escritores naturalistas Jean Baptiste de Lamarck y Étienne Geoffroy Saint-Hilaire. Balzac afirmaba que así como los diferentes entornos y la herencia producen diversas especies de animales, las presiones sociales generan diferencias entre los seres humanos. Se propuso de este modo describir cada una de lo que llamaba “especies humanas”. La obra incluiría 150 novelas, divididas en tres grupos principales: Estudios de costumbres, Estudios filosóficos y Estudios analíticos. El primer grupo, que abarca la mayor parte de su obra ya escrita, se subdivide a su vez en seis escenas: privadas, provinciales, parisinas, militares, políticas y campesinas. Las novelas incluyen unos dos mil personajes, los más importantes de los cuales aparecen a lo largo de toda la obra. Balzac logró completar aproximadamente dos tercios de este enorme proyecto. Entre las novelas más conocidas de la serie figuran Papá Goriot (1834), que narra los excesivos sacrificios de un padre con sus ingratas hijas; Eugenia Grandet (1833), donde cuenta la historia de un padre miserable y obsesionado por el dinero que destruye la felicidad de su hija; La prima Bette (1846), un relato sobre la cruel venganza de una vieja celosa y pobre; La búsqueda del absoluto (1834), un apasionante estudio de la monomanía, y Las ilusiones perdidas (1837-1843). (www.elpdlp.com)

    ÉMILE ZOLA. GERMINAL

    PARTE I

    Por en medio del llano, en la oscuridad profundísima de una noche sin estrellas, un hombre completamente solo seguía a pie la carretera de Marchiennes a Montsou; un trayecto de diez kilómetros, a través de los campos de remolachas en que abundan aquellas regiones. Tan densa era la oscuridad, que no podía ver el suelo que pisaba, y no sentía, por lo tanto, la sensación del inmenso horizonte sino por los silbidos del viento de marzo, ráfagas inmensas que llegaban, como si cruzaran el mar, heladas de haber barrido leguas y leguas de tierra desprovistas de toda vegetación.

    Nuestro hombre había salido de Marchiennes a eso de las dos de la tarde. Caminaba a paso ligero, dando diente con diente, mal abrigado por el raído algodón de su chaqueta y la pana vieja de sus pantalones. Un paquetito, envuelto en un pañuelo a cuadros, le molestaba mucho; y el infeliz lo apretaba contra las caderas, ya con un brazo, ya con otro, para meterse en los bolsillos las dos manos a la vez, manos grandes y bastas, de las que en aquel momento casi brotaba la sangre, a causa del frío. Una sola idea bullía en su cerebro vacío, de obrero sin trabajo y sin albergue; una sola: la esperanza de que haría menos frío cuando amaneciese. Hora y media hacía ya que caminaba, cuando allá a la izquierda, a dos kilómetros de Montsou, advirtió unas hogueras vivísimas que parecían suspendidas en el aire, y no pudo resistir a la dolorosa necesidad de calentarse un poco las manos.

    Se internó en un camino accidentado. El caminante tenía a su derecha una empalizada, una especie de pared hecha con tablas, que servía de valla a una vía férrea; mientras a su izquierda se levantaba un matorral, por encima del cual se veía confusa la silueta de un pueblecillo de casitas bajas y tan regulares, que parecían estar hechas por el mismo molde. Anduvo otros doscientos pasos. Bruscamente, al salir del recodo de un camino, volvió a ver las luces y las hogueras ante sí, más cerca, pero sin que pudiera todavía comprender cómo brillaban en el aire, en medio de aquel cielo oscuro, semejantes a lunas veladas por el humo de un incendio. Pero acababa de llamarle la atención otro espectáculo a raíz del suelo. Era una gran masa, un montón de construcciones, en el centro de las cuales se erguía la chimenea de una fábrica; algunos destellos de luz salían de las ennegrecidas ventanas; cinco o seis faroles tristones y sucios se veían en el exterior, colocados en postes de madera; y de en medio de aquella aparición fantástica envuelta en humo y en la oscuridad, salía un fuerte ruido: la respiración gigantesca del escape de una máquina de vapor que no se veía.

    Entonces el hombre comprendió que aquello era una mina. Pero le dio vergüenza acercarse. ¡Así como así, no iba a encontrar trabajo! En vez de dirigirse hacia el edificio, decidió acercarse hacia la plataforma, donde ardían tres hogueras de carbón de piedra, en canastillos de hierro, para alumbrar y calentar a los que trabajaban. Los obreros empleados en el corte debían de haber trabajado hasta muy tarde, porque aún estaban sacando tierra y piedra. Desde allí vio a los mineros empujando los trenes, y distinguió sombras vivientes volcando las carretillas y haciendo montones de hulla alrededor de las hogueras.

    -Buenas noches -dijo, acercándose a una de ellas.

    El carretero, que era un anciano vestido con un capote de lana morada, y abrigada la cabeza con una gorra de piel de conejo, estaba en pie, de espaldas a la lumbre, mientras el caballo, un penco tordo, esperaba, con la inmovilidad de una estatua, a que desocuparan las seis carretillas que arrastraba. El obrero empleado en esta faena, un mozo pelirrojo, no se daba prisa, tomando con calma la operación de ir aumentando el montón de hulla.

    -Buenas noches -respondió el viejo.

    Hubo un momento de silencio. El hombre, al advertir que le miraba con desconfianza, se apresuró a decir su nombre.

    -Me llamo Esteban Lantier y soy maquinista. ¿No habría trabajo por aquí?

    Las llamas de la hoguera le iluminaban, y gracias a ellas se veía que representaba veinte o veintiún años que era moreno, bien parecido y de aspecto fuerte, a pesar de sus facciones delicadas y sus miembros menudos.

    -¿Trabajo para un maquinista? No, no… Ayer mismo se presentaron otros dos. No lo hay.

    Una ráfaga de viento les cortó la palabra. Luego Esteban, señalando el montón sombrío de los edificios que había al pie de la plataforma, preguntó:

    -Es una mina, ¿verdad?

    El viejo no pudo contestar. Un violento acceso de tos se lo impidió. Al fin escupió, y su saliva dejó una mancha negra en el suelo, enrojecido por la brasa.

    -Sí, una mina; la Voreux.. ¡Ése es el barrio de los obreros!


    • ¿Cómo son las descripciones que hace Zola del entorno y de los personaje?
    • Zola es el fundador y máximo representante del naturalismo. ¿Qué aspectos naturalistas podemos identificar en este fragmento?
    • Uno de los rasgos característicos de la novela realista es su intención social y crítica, ¿en qué sentido Germinal es una obra crítica y social?, ¿en qué momentos de este fragmento se refleja?
    • Argumento:
    • “Germinal relata, con aliento épico, las huelgas de mineros en demanda de un salario justo y las posturas encontradas entre partidarios del socialismo y del anarquismo. El protagonista, fracasa la huelga y muerta en un accidente la minera a la que ama, marcha a París a trabajar para que el socialismo, todavía en germen, fructifique y “haga estallar la tierra”. (Literatura universal. Octaedro.)

    • Información sobre Zola:
    • Escritor francés y fundador del movimiento naturalista.
      Su primera novela importante, Thérèse Raquin (1867), es un detallado estudio psicológico del asesinato y la pasión. Más tarde, inspirado por los experimentos científicos sobre la herencia y el entorno, Zola decidió escribir una novela que ahondara en las profundidades de todos los aspectos de la vida humana, que documentara los males sociales, al margen de cualquier sensibilidad política. Asignó a esta nueva escuela de ficción literaria el nombre de naturalismo y escribió una serie de veinte novelas entre 1871 y 1893, bajo el título genérico de Les Rougon-Macquart, con el fin de ilustrar sus teorías a través de una saga familiar. Tras una ardua investigación produjo un sorprendente y completo retrato de la vida francesa, especialmente la parisina, de finales del siglo XIX.
      Entre las novelas de esta serie destacan La taberna (1877), un estudio sobre el alcoholismo; Nana, basada en la prostitución; Pot-bouille (1882), un análisis sobre las pretensiones de la clase media; Germinal (1885), un relato sobre las condiciones de vida de los mineros; La bestia humana (1890), una novela que analiza las tendencias homicidas; y El desastre (1892), un relato sobre la caída del Segundo Imperio. (www.elpdlp.com)

    DOSTOIEVSKI. CRIMEN Y CASTIGO

    Fuente: wikipedia

    Texto I: PRIMERA PARTE. CAPÍTULO 1

    Su cuartucho se hallaba bajo el tejado de un gran edificio de cinco pisos y, más que una habitación, parecía una alacena. En cuanto a la patrona, que le había alquilado el cuarto con servicio y pensión, ocupaba un departamento del piso de abajo; de modo que nuestro joven, cada vez que salía, se veía obligado a pasar por delante de la puerta de la cocina, que daba a la escalera y estaba casi siempre abierta de par en par. En esos momentos experimentaba invariablemente una sensación ingrata de vago temor, que le humillaba y daba a su semblante una expresión sombría. Debía una cantidad considerable a la patrona y por eso temía encontrarse con ella. No es que fuera un cobarde ni un hombre abatido por la vida. Por el contrario, se hallaba desde hacía algún tiempo en un estado de irritación, de tensión incesante, que rayaba en la hipocondría. Se había habituado a vivir tan encerrado en sí mismo, tan aislado, que no sólo temía encontrarse con su patrona, sino que rehuía toda relación con sus semejantes. La pobreza le abrumaba. Sin embargo, últimamente esta miseria había dejado de ser para él un sufrimiento. El joven había renunciado a todas sus ocupaciones diarias, a todo trabajo.

    En el fondo, se mofaba de la patrona y de todas las intenciones que pudiera abrigar contra él, pero detenerse en la escalera para oír sandeces y vulgaridades, recriminaciones, quejas, amenazas, y tener que contestar con evasivas, excusas, embustes… No, más valía deslizarse por la escalera como un gato para pasar inadvertido y desaparecer.

    Aquella tarde, el temor que experimentaba ante la idea de encontrarse con su acreedora le llenó de asombro cuando se vio en la calle.

    «¡Que me inquieten semejantes menudencias cuando tengo en proyecto un negocio tan audaz! pensó con una sonrisa extraña. Sí, el hombre lo tiene todo al alcance de la mano, y, como buen holgazán, deja que todo pase ante sus mismas narices… Esto es ya un axioma… Es chocante que lo que más temor inspira a los hombres sea aquello que les aparta de sus costumbres. Sí, eso es lo que más los altera… ¡Pero esto ya es demasiado divagar! Mientras divago, no hago nada. Y también podría decir que no hacer nada es lo que me lleva a divagar. Hace ya un mes que tengo la costumbre de hablar conmigo mismo, de pasar días enteros echado en mi rincón, pensando… Tonterías… Porque ¿qué necesidad tengo yo de dar este paso? ¿Soy verdaderamente capaz de hacer… “eso”? ¿Es que, por lo menos, lo he pensado en serio? De ningún modo: todo ha sido un juego de mi imaginación, una fantasía que me divierte… Un juego, sí; nada más que un juego.»

    El calor era sofocante. El aire irrespirable, la multitud, la visión de los andamios, de la cal, de los ladrillos esparcidos por todas partes, y ese hedor especial tan conocido por los petersburgueses que no disponen de medios para alquilar una casa en el campo, todo esto aumentaba la tensión de los nervios, ya bastante excitados, del joven. El insoportable olor de las tabernas, abundantísimas en aquel barrio, y los borrachos que a cada paso se tropezaban a pesar de ser día de trabajo, completaban el lastimoso y horrible cuadro. Una expresión de amargo disgusto pasó por las finas facciones del joven. Era, dicho sea de paso, extraordinariamente bien parecido, de una talla que rebasaba la media, delgado y bien formado. Tenía el cabello negro y unos magníficos ojos oscuros. Pronto cayó en un profundo desvarío, o, mejor, en una especie de embotamiento, y prosiguió su camino sin ver o, más exactamente, sin querer ver nada de lo que le rodeaba.

    TEXTO 2:  QUINTA PARTE. CAPÍTULO IV

    –Al llevar yo tantos días atormentándome: «¿Lo haría Napoleón o no lo haría?», ya comprendía claramente que no era yo un Napoleón… Todo, todo el suplicio de esa palabrería lo he sufrido yo, Sonia, y todo eso me he querido sacudir de encima de los hombros; yo quería, Sonia, matar sin casuística, matar para mí, para mí solo. ¡No quería mentir en esto ni a mí mismo! No fue por ayudar a mi madre por lo que maté… ¡Absurdo! No maté tampoco para, contando ya con medios y poder, erigirme en bienhechor de la humanidad. ¡Absurdo! Sencillamente, maté; para mí maté, para mí solo, y el que con eso hubiera yo sido en algún modo bienhechor, o toda la vida, como la araña, me la hubiese pasado atrapando víctimas en la tela y alimentándome de sus jugos vitales: para mí todo habría sido igual… Y tampoco necesitaba dinero, ni era eso lo principal, Sonia; cuando maté, no necesitaba tanto dinero como otra cosa… Y todo eso lo sé ahora. Compréndeme; puede que, al pasar por el mismo camino, no volviera ya nunca a repetir el crimen. Yo necesitaba conocer otra cosa, otra cosa empujaba mi brazo: necesitaba saber, y cuanto antes, si yo era también un piojo, como todos, o un hombre. ¿Estaba facultado para transgredir la ley o no lo estaba? ¿Era osado a traspasar los límites y aprehender o no? ¿Era yo una criatura que tiembla o tenía derecho?

    - ¿A matar? ¿Que tenía usted derecho a matar? –exclamó Sonia, juntando las manos.

    TEXTO I:
    • En este primer fragmento predomina la descripción, ¿qué describe?, ¿de qué tipo de descripciones se trata?
    • ¿Qué datos se dan sobre el cuarto donde vive el protagonista?, ¿te parecen relevantes?, ¿crees que el ambiente, el espacio en que uno se desenvuelve puede condicionar la actitud, la personalidad?
    • ¿Qué aspectos de la personalidad del protagonista revela el narrador?, ¿qué tipo de persona se perfila en esta primera aparición?
    • Analizamos el monólogo interior a través del cual somos conocedores de los pensamientos del protagonista, de cómo funciona su mente, ¿qué te parecen estas reflexiones?
    • Nos paramos en la última descripción, la del entorno, la calle. El narrador apela a todos los sentidos para recrear ese ambiente (el calor, la visión, el olor…), ¿qué tipo de escena describe?, ¿cómo repercute en el protagonista el entorno?
    • Comentamos el papel del narrador, ¿de qué tipo de narrador se trata?
    • Analizamos todos los rasgos identificables en el texto propios de la novela realista (narrador, monólogo interior, personajes, ambientación, lenguaje, verismo…)

    TEXTO 2:
    • Argumento de la obra:
      El personaje central de la obra es un estudiante, Rodion Raskolnikov que, empujado por la miseria y creyéndose una especie de superhombre, mata a una usurera para robarle. Después del asesinato sufre unos terribles ataques de paranoia y, finalmente, influido por las ideas cristianas, inicia el camino de la resurrección mora, acusándose a la policía. Su guía es Sonia Marmeladova, hija de un funcionario alcoholizado, que se prostituye para dar de comer a sus hermanos menores.
    • Rodion le confiesa en este diálogo el crimen a Sonia, ¿cómo se justifica?
    • ¿Qué piensas sobre los motivos que esgrime el protagonista para cometer el asesinato?
    • Analizamos los últimos interrogantes que se hace el protagonista: ¿Estaba facultado para transgredir la ley o no lo estaba? ¿Era osado a traspasar los límites y aprehender o no? ¿Era yo una criatura que tiembla o tenía derecho?
    • ¿Qué crees al respecto?, ¿nos podemos cuestionar si existe o no el derecho de transgredir, de sobrepasar los límites del orden moral?, ¿unos tienen más derechos que otros?…
    • Información sobre Dostoievski:
    • Novelista ruso, uno de los más importantes de la literatura universal, que escudriñó hasta el fondo de la mente y el corazón humanos, y cuya obra narrativa ejerció una profunda influencia en todos los ámbitos de la cultura moderna. […]En Crimen y castigo, probablemente su mejor novela, un estudiante pobre, Raskolnikov, asesina y roba a una vieja avara a la que considera un parásito, con el fin de destruir esa vida que le parece miserable y salvar la de sus familiares, sumidos en la indigencia. Atormentado por su culpa y su aislamiento, termina por confesar y por redimirse espiritualmente. El tema principal de esta novela es un análisis sobre si un ser, que se ve como un individuo extraordinario, tiene derecho a quebrantar el orden moral. En cambio, el protagonista de otra de sus novelas, El idiota, es un personaje mesiánico, concebido por el autor como el paradigma del hombre bueno. El príncipe Mishkin irradia sinceridad, compasión y humildad, y se convierte en un defensor público de estas virtudes, pero es derrotado finalmente por sus propios odios y deseos. Los endemoniados es una novela sobre un grupo de conspiradores revolucionarios que usan tácticas terroristas para conquistar sus metas. El protagonista, Stavrogin, es un personaje demoníaco y autodestructivo, con una ilimitada inclinación hacia la crueldad. Los hermanos Karamazov, considerada como una de las grandes obras maestras de la literatura universal, constituye la expresión artística más poderosa de la habilidad de Dostoievski para traducir a palabras sus análisis psicológicos y sus puntos de vista filosóficos. La gran aportación de Dostoievski a la literatura universal consistió en dar un nuevo enfoque a la novela según el cual el narrador ya no está fuera de la obra relatando acontecimientos más o menos ajenos a él, sino que su presencia se manifiesta con voz propia, como si de otro personaje se tratara.” (www.elpdlp.com)

    • Recordamos a las figuras centrales de la narrativa realista en España: Galdós, Clarín, Pardo Bazán, Blasco Ibáñez. Repasamos los argumentos y características de La Regenta y de Fortunata y Jacinta (personajes femeninos de la novela realista: Ana Ozores, Fortunata, Jacinta, Eugenia Grandet, Anna Karenina, Madame Bovary).
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