HAMLET


  • Palabras, palabras, palabras….dice Hamlet a Polonio. Y qué importantes son las palabras. Para convencer, para manipular -como las hijas del rey Lear- o para existir, como el personaje de Hamlet.  Hamlet encarna la palabra, la reflexión…Es un ser pensante; el dolor y la rabia le corroen, pero no actúa; piensa hasta la extenuación.

    Y su vida se convierte en una lucha entre la acción y el pensamiento (Pero ¡rómpete, corazón, pues debo refrenar la lengua!) en un mundo infesto en el que “fragilidad es mujer” y así todo su entorno lo traiciona, incluso su madre y su único aliento, Ofelia.

    ¿Y cómo no volverse loco? o… ¿actuar como un loco? La locura/cordura de Hamlet ha sido y es objeto de rigurosos estudios y múltiples son las teorías: desde el famoso complejo de Edipo, pasando por la locura fingida o la cervantina locura con momentos de lucidez.  Lo que está claro es que la traición de todos -exceptuando a su único y fiel amigo, Horacio- le rompe el corazón y a partir de entonces su comportamiento será  a ojos del resto de personajes, el de una persona que ha perdido el juicio, pero la visión del espectador-lector, conocedor de todos los hechos, será cuanto menos de duda con respecto a la locura de Hamlet.

    Pero Hamlet es mucho más. Los lectores de todos los tiempos y de la actualidad nos hemos sentido identificados con el famoso “ser o no ser”. ¿Actuar?, ¿no actuar?, ¿hablar?, ¿callar?, ¿formar parte del todo o actuar de manera diferente?, ¿luchar por nuestras ideas o conformarnos?, ¿enfrentarnos a las adversidades o dormir, soñar, morir….?

    Hamlet es una obra completa porque sus personajes son redondos, su trasfondo es metafísico, universal y atemporal y la belleza de su lenguaje es desbordante. Ingredientes que  conforman una obra de arte “total”; total porque es espectáculo, belleza, trama, reflexión y poesía.

     

     


    16 de julio de 2013 | Gema | Sin comentarios |

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