Fernando Pessoa

  • Pessoa

    Releer a Pessoa me ha hecho reflexionar sobre el ser humano y sus capacidades. Suena muy bien eso de estar en  paz, en comunión con la naturaleza; muy naif, y muy zen. Pero el deseo de ser flor, lluvia, oveja…me sabe a poco.

    De pronto la pregunta calderoriana de “¿Qué es la vida?” se diluye en un “locus amoenus” contemporáneo recubierto de verso libre. ¿Y qué es la vida? Para Pessoa, o mejor dicho, para Aberto Caeiro, la respuesta está en la montaña, el rebaño o el árbol. Pero ¿la montaña, la oveja o la planta pueden hacerse esta pregunta? ¿y por qué el hombre sí puede? Para Caerio esto es un inconveniente. Qué felicidad la de no pensar, la de ver y sentir sin más.

    La anulación del pensamiento es una quimera, o una falacia. En el momento en que Caeiro, hombre y poeta, piensa que lo que piensa es un estorbo, ese aserto del hombre como ente que ve, escucha, huele pero que no piensa se resquebraja. Se trata de un círculo: Caeiro piensa y además escribe que no le gusta pensar pero si no pensara no sería consciente de ello y no escribiría sobre ello. El poeta antifilósofo  construye así una metafísica propia porque toda su poesía es reflexión sobre la condición del ser humano. De esta forma, su existencia solo se entiende porque es un ser pensante. “Cogito ergo sum”. Aunque él se empeñe en cambiar el vocablo “cogitare” por “videre”.

    Pero hay más Pessoas (tantos o más que sus queridos heterónimos) y yo me quedo con el Pessoa de la exaltación de la sencillez, de la capacidad de sorprenderse, de la reivindicación de la contemplación y del placer de las cosas mínimas. Esta es mi lectura y mi propuesta y a mí me basta.

     

     

     


    7 de mayo de 2013 | Gema | Sin comentarios |

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